Trienal de Chile 2009

Trienal de Chile 2009

 
 
 

Taller-residencia en Ciencias del Barro

Taller-residencia en Ciencias del Barro

TALLER DE RESIDENCIA EN ARTES DEL BARRO
TRIENAL DE CHILE
PONTIFICIA UNIVERSIDAD CATOLICA DE CHILE
SANTIAGO / CHILE / 2009

Entre los días 10 y 14 de agosto de este año se realizó el Primer Taller de Residencias en Artes del Barro que convocó a un grupo de artistas contemporáneos, artistas populares y artistas indígenas a investigar las posibilidades de la arcilla, a proponer proyectos, establecer filiaciones e instalar preguntas a partir de la experiencia del taller.

Este Taller, se enmarca dentro de las actividades que se realizan como parte de la Primera Trienal de Chile siendo además la forma en que participa la Escuela de Arte de la Pontificia Universidad Católica de Chile en este evento. El que la presencia de una de las escuelas mas importantes en la formación de artistas visuales sea en el forma de un taller de residencia es sumamente significativo en la pregunta que se plantea, desde la curatoria general del evento a cargo del curador y crítico paraguayo Ticio Escobar, por los límites del arte en el contexto actual de producción, exhibición, inscripción y comercialización de las obras de arte.
Esta escuela, que este año cumple 50 años desde su fundación, es una escuela formada en la tradición del grabado, del taller de la prensa, del original y la copia, del rigor en la exactitud de la repetición, de la inscripción de la memoria. Desde ahí, se han ido progresivamente desplazando los procedimiento propios de la disciplina hasta convertirse en lenguajes múltiples, interdisciplinarios, multimediales. Es este territorio quien recibe esta residencia para, justamente, poner en entredicho la forma en que se traman los saberes y los quehaceres que se han instalado como un común acuerdo en la producción de trabajos de arte.

Podría decirse que es esa interdisciplina o bien, la noción de transversalidad en la educación, la que se sitúa como una posible primera pregunta a responder desde la humedad del barro, al ser esta residencia posible al interior de una casa de estudios. El barro útil, aquel que se puede modelar una y otra vez, es aquel que permanece siempre húmedo, como el cuerpo en movimiento al interior del taller. Veremos si es posible trasladar esa metáfora al terreno fértil de la educación de arte.

Un lugar de formación de artistas es el lugar de la duda, es desde donde se instala la pregunta por el hacer, en un terreno en particular complejo como es el de las artes visuales en donde convergen orígenes saberes y propósitos múltiples y se entretejen en el espesor del lenguaje visual, instalando luego la pregunta por el sentido de lo hecho.

El Taller de Residencia en Artes del Barro que se llevará a cabo en los talleres de escultura y cerámica de la Pontificia Universidad Católica de Chile y organizado en conjunto con el Programa de Artesanías de dicha universidad, permitirá que trabajen en manera conjunta dos artistas populares paraguayas: Edithrudis Noguera (Tobatí, Paraguay 19XX) y Julia Isidrez (Ita, Paraguay 19XX) cuatro artistas visuales chilenos: Tomas Rivas (Santiago, Chile 1975), Livia Marin (Santiago, Chile 1973), Catalina Bauer (Santiago, Chile 1974) Paula de Solminihac (Santiago Chile 1974) y una artista mapuche (Dominga Neculman, Temuco, Chile ).

Durante una semana estos artistas trabajarán en un taller abierto al público ya sea en un proyecto individual o en colaboración, según vayan sucediendo las cosas, en relación a las investigaciones que vaya realizando cada uno y el otro.

Sucede que, además los artistas participantes solo tiene en común una fijación especial con la materialidad; el caso de las ceramistas paraguayas es con la arcilla, aprendizaje domestico y heredado al igual que Dominga Neculman, mujer mapuche quien machaca y prepara sus propias arcillas traídas con ella desde su taller en Temuco, sin embargo el caso de los artistas chilenos por ejemplo, es el de una obsesión por los sentidos de la materia, siendo totalmente inexpertos en ésta en particular.
Las diferencias, propuestas aquí tan solo como una presunción anticipada, podrían encontrarse en el destino de la materia, en cual es su lugar de inscripción, en su estado de situación: las mujeres alfareras que trabajan en su casa, cocen en su horno y que a veces exponen sus trabajos en el museo y otras en una feria de artesanías, a veces en un museo de arte contemporáneo, otras en un museo etnográfico, están poniendo una señal, una marca, para también hablar de los lugares diversos de destino de las obras de los otros artistas invitados cuya obra circula en lugares igualmente diversos como bienales, ferias de arte, museos y galerías.

La estrategia de responder a la pregunta por los lugares y los límites de Arte desde la arcilla tiene que ver precisamente con su propia naturaleza y sus usos culturales.
Existe un mito de origen del barro de alfarería narrado por el antropólogo Claude Levi Strauss que cuenta la historia de una mujer esposa del Sol y la Luna, en ese entonces humanos que vivían en la tierra, que, provocando los celos de uno (la Luna), hizo que ésta subiera al cielo y eclipsara al Sol, quedando la mujer sola. Al verse la mujer abandonada, trato de seguir a la Luna trepando por una liana, liana que fue cortada por la Luna, separando definitivamente los dos mundos al mismo tiempo haciendo caer a la mujer, quien a causa del miedo comenzó a defecar sin poder contenerse y convirtiendo cada uno de sus excrementos en yacimientos de barro de alfarería.
Entonces la historia del barro, es la historia de un todo, que producto de un acto celoso, es afecto a su división, es aquello que en su estado natural se encontraba aquí y allá y, en su informidad, asociado también a lo continuo y que la alfarera al manipular, convirtió en discontinuo y lo informe en una forma determinada.
El vaso de arcilla entonces, forma primigenia asociada a la alfarería, es el límite que impone la materia para separar lo propio de lo ajeno, es el espacio vacío que genera el barro hecho forma, deseando contener, y a lo mejor también, después, el valor de lo contenido.

El marco que convoca este taller, la Primera Trienal de Chile, propone la pregunta por los límites del arte, los límites en el hacer y en el nombrar, en los actos y en las palabras y entonces el límite impuesto por la vasija es útil para volver a hacer la pregunta desde la practica del oficio de la alfarería.
Sin embargo la vasija es un contenedor cuya particularidad siempre es la de tener un orificio, una apertura que permite la reposición, el intercambio o el vaciamiento total de lo contenido.
El taller en su trabajo con el material y en su condición de residencia, o taller transitorio, convoca a una doble profanación: las fronteras espaciales concretas, el espacio físico en el cual trabaja cada artista y el espacio del lenguaje donde cada cosa recibe su nombre.
Cuando se formula la pregunta por los límites desde el material, la respuesta puede ser tentativa. Vemos que tanto desde la palabra que nombra como desde la materia que forma, el límite de ese algo es siempre, creencia a priori, la línea que despliega sobre sí o por sí, dos o mas lugares posibles, pero siempre posibles, nunca permanentes. Lugares finitos, posibles de ser luego que marcados: la construcción que precede el habitar.
La respuesta por las preguntas formuladas a los participantes de este Taller por el que-hacer con esta materia prima informe en su esencia, que construir para que habitar, es lo que puede luego, tal vez, funcionar como señalamiento de lugar desde donde preguntar por el otro límite: el de la forma de las formas del Arte.
La arcilla, en su origen piedra pulverizada por el roce con los ríos, y que luego arrastrada por los ríos va tomando diferentes características dependiendo del recorrido y se va depositando en distintos lugares, es en su origen un material que transita por un límite, el río, limite natural, y a la vez, una materia en constante cambio. Es solo en la cocción, en donde esta materia vulnerable y cambiante, es sometida a una fase final e irreversible, de transformación química que fija para siempre la forma. Posiblemente por ello, es que los resultados del taller, no lleguen nunca al sometimiento del fuego, para “dar valor a la retención, es decir, a la permanencia en el universo de la humedad”.

Afiche del Taller

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