Trienal de Chile 2009

Trienal de Chile 2009

 
 
 

Adrián Huaiquilao Huaquilao

Adrián Huaiquilao Huaquilao

José Cayul

José Cayul

Camilo Martínez Martínez

Camilo Martínez Martínez

Nicole Pérez Tornería

Nicole Pérez Tornería

Folil Antilao

Folil Antilao

Carolina Catrilef Muñoz

Carolina Catrilef Muñoz

AIWIN / La Imagen de la Sombra

AIWIN / La Imagen de la Sombra

Aiwin / La Imagen de la Sombra

Comunidades Mapuches de Temuco, San Juan de la Costa y Cerro Navia (Santiago)
Mediadores: Andrea Jösch - Nelson Garrido

La figura del límite del arte, concepto central de la curaduría general, aparece desarrollada radicalmente en esta exposición. La misma plantea la cuestión que supone el presentar como artísticas operaciones concebidas al margen del sistema del arte. ¿Por qué una experiencia de fotografía endoetnográfica es instalada en el contexto de una trienal de arte, en el espacio de un museo?
Las imágenes que se muestran ahora corresponden al resultado de los Talleres de Fotografía Social “Aiwin”, llevados a cabo por Andrea Josch y Claudia Astete, con la colaboración editorial de Nelson Garrido, artista y promotor cultural venezolano que ha trabajado y trabaja ampliamente la cuestión indígena. Estos talleres, que funcionan desde hace casi un año, proporcionan técnicas fotográficas digitales a mapuche habitantes de diversos lugares de Chile. Sin embargo, no sólo ponen a disposición de los indígenas cámaras fotográficas, sino que los dotan de adiestramiento en el uso de las mismas: la mirada exige disciplina y entrenamiento, tareas de enfoque y edición; prácticas de estrategia formal, pericia y método, además de discusiones acerca de la pragmática de la imagen: cuestiones de discurso y retórica.
Resulta claro que proveer de estos medios a comunidades intensas y alertas, ansiosas de voz propia, producirá impactos vigorosos. Los mapuche, como todos los pueblos indígenas de América Latina, se hallan amenazados en sus territorios tradicionales y sometidos a procesos complicados de colonización cultural; pero también se encuentran desarrollando procesos activos de transculturación, reapropiación simbólica, renovación y defensa de sus patrimonios físicos e intangibles.
Estas experiencias intensas no sólo requieren la enunciación discursiva mediante demandas explícitas, sino la puesta en representación de aspectos que escapan a la palabra y al concepto. El mundo propio del trabajo, el hogar y el paisaje, el de la intimidad personal, la convivencia cotidiana, la memoria compartida y el lenguaje trastornado, exigen expedientes imaginarios en muchos casos perdidos. La espectralidad y el reflejo, componentes del término Aiwin, precisan hoy renovar sus trámites. La fotografía deviene un medio para recuperar un espacio imaginario desteñido en sus reverberos, borroneado en sus sombras. Pero también señala un camino de autoafirmación colectiva: el esquema colonial coloca al indígena del otro lado de la cámara, del lado del objeto, no en el lugar del enfoque y la mirada. Revertir esta posición significa un giro político fundamental: quien empuña la cámara edita la realidad y levanta los ojos ante quien mira la foto consumada.
Ahora bien, de nuevo: ¿Qué tiene que ver con las cuestiones de arte este gesto, válido como acción etnosocialmente afirmativa? Éste es el tipo de preguntas que quiere plantear la curaduría de la Trienal de Chile 2009, interesada no sólo en promover cuestiones sino en proponer posturas desde las cuales considerar el arte contemporáneo. Ya se sabe que éste se encuentra en una posición difícil: la autonomía de las formas -que constituyera su bastión- ha colapsado ante el atropello de los contenidos temáticos, los discursos sociales y la reflexión conceptual. El arte precisa afirmar un contorno propio en medio de este escenario carente de hitos y referencias, desenmarcado.
Por un lado, aquel nuevo contorno requerirá aún operaciones formales, estéticas: deberá necesariamente, contar con el auxilio de la imagen y el sostén de la apariencia sensible. Pero, por otro, ya no podrá detenerse en la órbita de la pura forma, un círculo definitivamente quebrantado. Ante este dilema, las culturas indígenas, así como ciertas prácticas de promoción de las mismas, presentan si no respuestas definitivas, sí indicios de otros lugares. Para decir verdades agazapadas en el dorso del lenguaje, esas culturas recurren a los argumentos de la estética, pero no haciendo de ellos un fundamento concluyente sino un recurso necesario, inevitable tal vez. La expresión de la forma, la belleza, incluso, seducen a la mirada y la reconducen a aquellos rincones oscuros renuentes a la palabra. Por un instante, el brillo de la apariencia -la distancia que abre la forma- permite ojear el otro lado, el envés de la imagen, que sólo aparece huidizamente y de costado. En estas fotografías, el momento formal respalda expresiones, demandas, gritos en muchos casos. El museo detiene por un instante ese momento y lo ofrece a la mirada. Después, las imágenes seguirán su curso, volverán a las comunidades, donde también por un instante iluminarán miradas para, enseguida o paralelamente, marcar las zonas de sombra que cautelan sus verdades.
Ticio Escobar
Agosto, 2009

TALLERES DE FOTOGRAFÍA AIWIN
En medio de los millones de imágenes que inundan nuestra mirada a cada minuto, la fotografía se convierte en un arma mortal, capaz de convencer, seducir, omitir, dictaminar, ejercer poder sobre nosotros.

Los primeros fotógrafos que se destacaron en territorio chileno fueron, en su gran mayoría, extranjeros que, con un afán ciertamente colonizador, retrataron paisajes, personas, costumbres y tradiciones. Al observar esas primeras imágenes de la frontera, en las que el sujeto se convierte en objeto de investigación o en trofeo de expedición, uno se cuestiona la facilidad con la cual la sociedad integra -a través de la fotografía- imágenes tipo, formularios listos para ser copiados cada vez de manera más precisa y con reglas estrictas de composición, iluminación, encuadre.
El autor debe hacerse cargo de problematizar la imagen, pues bajo esta premisa la fotografía ya no sería sólo soporte o recuerdo, sino el reflejo de un sistema social complejo. ¿Habría que ser capaz de fotografiar el alma o la evidencia, el abuso, la violencia, la trasgresión, la discriminación? ¿El acto de registrar es exclusivo del artista o de los medios de prensa? ¿Qué sucedería si el ciudadano entrara en el terreno de documentar la cotidianidad y no solamente la escenificación de los hitos que lo constituyen como tal o como parte de un grupo determinado (como ocurre con los millones de imágenes que inundan los fotologs, facebook, flickr que -bajo un mismo patrón- serían la nueva forma de tarjeta postal)? ¿Qué sucedería si esos registros fueran conscientes, si cada uno de nosotros se convirtiera en antropólogo de su propia realidad, sin temor ni distancia? ¿Qué pasaría si le devolviéramos la imagen a las minorías, a la pobreza, a la brutalidad, a la locura, a la violencia, esa imagen que se hurta día a día y que se interpreta según algunos pocos?
Los Talleres de Fotografía Social “Aiwin”, desarrollados como parte del proyecto curatorial de la Trienal de Chile 2009, se realizaron en tres comunidades mapuche que representan, a nuestro juicio, la realidad indígena contemporánea: los mapurbe, los pehuenche huarriachi y los huilliche.
Durante nueve meses, de enero a agosto de 2009, viajamos a las comunidades. Trabajamos en el Centro Ceremonial Mapuche de Cerro Navia -comuna del sector poniente de la ciudad de Santiago-, en el Consejo de Todas las Tierras, en Temuco, con personas provenientes de gran parte de la Región de la Araucanía, y con los integrantes del grupo Aucalafequen, de San Juan de la Costa, Osorno.
Inspirados en los talleres de fotografía social TAFOS, realizados en Perú entre 1986 y 1998, y ante la necesidad apremiante de una alfabetización visual en la actualidad, estos talleres pretenden hablar e instaurar una etno-fotografía contemporánea como documento social, legitimando la imagen como sistema estratégico.

Qué mejor que esas crónicas sean realizadas por los propios actores, los que conocen su tierra, sus costumbres, sus problemas, su causa. Esa imagen proveniente de la sombra es la propia historia de la fotografía étnica nacional y latinoamericana, como documento de representación y escenificación.
Estos talleres se basan en la necesidad de devolver la imagen usurpada hace más de un siglo, entregando conocimientos técnicos y teóricos.
Se proveyó a las comunidades cámaras fotográficas Canon Power Shot A470 y computadores PC con impresoras, con el fin de generar archivos autogestionados, autoeditados y autoproducidos.
Los talleres incluyeron clases de historia de la fotografía, composición, edición, reproducción de documentos, creación de blog y edición de video, con el fin de poder entregar los conocimientos necesarios para formar fotógrafos que sean capaces de trabajar y construir espacios independientes de archivo y circulación de imágenes.
Estos primeros resultados y las reflexiones surgidas a partir de ellos nos permiten concluir la importancia del proyecto, así como la urgencia de seguir generando redes de mediación, tanto de conocimiento como de recursos.
En Cerro Navia nos encontramos con los mapurbe , ésos que emigraron de sus tierras por trabajo, buscando nuevas opciones, sacrificando hasta el significado que lleva su nombre (hombres de la tierra), para dejar a la che -su gente- en la periferia de Santiago, donde encontraron la marginalidad. Empezaron a pisar el cemento, más duro e infértil que su añorada tierra; las mujeres tuvieron que trabajar en el servicio doméstico de hogares huincas y a los hombres se les corroían las manos por el frío del trabajo nocturno en la “contru”. Ellos son los discriminados hasta por su propia gente pero, aún así, les sigue aflorando el newen (energía).
Los mapuche urbanos representan más del 60% de la población indígena mapuche; batallan por sus espacios, por obtener subsidios habitacionales diferentes; celebran en rucas emplazadas en parques públicos sus nguillatunes o wetripantus, e insisten en crear una universidad indígena; son orgullosos de sus apellidos y procedencia, juegan el palín y cocinan catuto.
Las nuevas generaciones arman su escenario frente a la ruca en el Parque Ceremonial Mapuche, recitan poesía, cantan al ritmo del hip hop, visten ropa americana y marchan todos los años frente al Palacio de la Moneda para reivindicar sus derechos. Ellos se adaptan a este nuevo contexto, tienen otras necesidades y surgen nuevos conflictos entre los que quieren preservar las tradiciones y los que ven en la transculturización su oportunidad de sobrevivir. Su vocabulario suena más hiphopero que mapudungún, y cultivan otros códigos, que disfrazan ese newen que llevan en la sangre.
Las imágenes resultantes del taller hablan de humanidad y esfuerzo, del paso del tiempo a través de las generaciones, del respeto hacia las costumbres, de la marginalidad.
Un grupo de alumnos creó el “comité de audiovisión”, encargado de registrar -con el beneplácito de los mayores- las actividades y festividades para que “los hijos de los hijos de los hijos” tengan posibilidad de conocer su cultura.
En el Aukiñ Wallmapu Ngulam o Consejo de Todas las Tierras, organización mapuche dirigida por Aucán Huilcamán -la voz de aquellos que luchan por un autogobierno-, se realizó el segundo taller. Ésta es “zona de conflicto” (expresión huinca, ya que ellos hablan de “causa”). Los pehuenche huarriachi son activistas que luchan no sólo por la reivindicación de sus tierras, sino también por la cosmovisión, el lenguaje, las tradiciones y la vida de su pueblo. Los temas a abordar son varios y las necesidades, más aún.
Entre los huarriachi la causa mapuche y la reivindicación de tierras se respira en el aire, hasta los nombres de las calles son una constante pugna entre Caupolicán y Bulnes. Hoy las ñañas se ubican fuera de la feria a vender su escasa mercadería y muchas más llegan a la feria a comprar lo que falta en sus casas, porque les falta todo: huertas, oportunidades, educación, animales, tierras. Los antiguos han visto transformar sus tierras en títulos de merced, títulos de dominio, lenguaje que no comparten, no entienden; sin embargo, atesoran esos papeles a la espera de una solución.
En Temuco es mejor no hablar mapuche para no ser tan discriminado y abusado; cargar con un apellido mapuche en nuestra sociedad es un lastre. Y enterarse de la propia historia conlleva decepcionarse de la forma en que los gobiernos han abordado esta causa.
En el mundo de los huilliche -“gente del Sur”- el escenario es distinto, a pesar de sufrir la misma discriminación y estar aún más aislados. Son bombardeados por propaganda evangelizadora que invade hasta el último rincón, alejando a los mapuche de su cosmovisión. “Nos prestaron su Biblia y cerramos los ojos. Al abrirlos, teníamos sus libros; ellos, nuestras tierras” (Luis Catrilef).
Los huilliche no necesitan grandes construcciones para adorar y agradecer a su chawdios; tímidamente nos cuentan el caso de un holandés que llegó hace años a la zona con su iglesia, luego desarrolló un proyecto educacional e instaló una escuela, un pequeño minimarket donde fiando endeudó a muchos y las tierras sirvieron para cancelar esas deudas. Hoy ya no quieren asistir a sus misas y se dan cuenta que las tierras del colonizador no respetan ni la tierra santa de sus cementerios, donde ya no tienen espacio para sus muertos y están rodeados de eucaliptos con los que este hombre de Dios ha ido forestando en nombre del espíritu santo y el progreso. Las mujeres tienen telares, huerta y recolectan murtas. Pintan y hacen música. Su música los acompaña en la vida y hace que todo sea más alegre y familiar. La gastronomía es vital; como en todo el pueblo mapuche, la vida gira en torno a la cocina. Sus niñitas participan en el ejercicio de las tradiciones y nos hacen pensar que existe una nueva generación que se proyecta. Si bien las distancias hacen que cualquier tarea sea compleja, no flaquean en el empeño de caminar horas bajo la lluvia, si es necesario, con el fin de dar a conocer su cultura, que es lo que más les urge.
El taller está dirigido a los integrantes del grupo Aucalafquen, que nos dan la bienvenida entonando la canción nacional de Chile en chesungun, la lengua de la gente. Nos sentimos honradas. Ellos tienen una actitud conciliadora a pesar de su historia; se empeñan en traspasar las distancias culturales para insertarse en el Chile de hoy y ser la voz del pueblo huilliche.
Hicimos ejercicios enfatizando la importancia de que fueran ellos los autores de la imagen que los represente en estos talleres de fotografía instalados en zona de conflicto nacional, dirigidos al pueblo privilegiado con la ley antiterrorista.
La fotografía es noble. Si bien se nota de inmediato la diferencia entre los tres lugares, hay un denominador común. En las fotos de “La guerra de Arauco” se repetían las mascotas caseras, tanto en el campo como en la ciudad, las fotos de niños y familia; la sencillez de la vida de campo se manifestó innumerables veces: la celebración, las risas, la austeridad. A pesar de las forestales en el sur, de los infinitos, asfixiantes bosques de pino y eucaliptos, en algunas imágenes la simpleza de lo cotidiano hace mucho sentido: ahí está el newen.
Los chicos aprendieron a manejar las cámaras, otros ya conocían su funcionamiento; hicieron alguna publicación, videos, su propio fotolog. En general, contamos con ellos siempre; incluso, más de una vez fueron ellos quienes nos motivaron. No son gente de muchas palabras; otra vez, una imagen vale más. A través de la fotografía nos conocimos, pudimos entrar en sus casas, en su intimidad, creamos un vínculo, dimos un paso en esta tarea de aprender a aceptarnos.
Las imágenes provenientes de la sombra son las que constituyen nuestro territorio. Estas fotografías aquí publicadas y sus autores así lo evidencian. La puesta en valor de su mirada nos permite devolverles su imagen.
Andrea Jösch / Claudia Astete
Setiembre 2009

PODERES DE LA IMAGEN, PODERES DE LA EDICIÓN
No hay que caminar sobre el registro de la sombra. Es una prevención necesaria para asegurar la interpretabilidad de la representación diferida de los cuerpos. En el proyecto Aiwin no estaba permitido mencionar a Peter Pan y su cándida estrategia de buscar una costurera que le cosiera su propia sombra a la planta de sus zapatos. El taller fue planteado para combatir la teoría-disney de la historia. Aquí no hay imágenes que se cambien por cuentas de vidrio. El discurso del arte se queda corto. Los jóvenes reporteros mapuche nos devolvieron lo que ya sabían: capturar la espectralidad de las luchas, aquellas que impiden el sueño complaciente de las dinámicas huincas, acostumbradas a convertir en política de Estado una exclusión estructural, inscrita en la Constitución. De este modo, la enseñanza no podía detenerse en los dispositivos de captura, sino que debía avanzar hacia el montaje de su puesta en edición. Quien obtiene las imágenes debe disponer de los medios para colocarlas en circulación, en los márgenes de los grandes sistemas mediales. Es así como este inicio de proyecto monta un compromiso coherente, tanto de puesta en imagen de la palabra como de puesta en palabra de la imagen, poniendo el acento en las formas de autoproducción de la enunciación autónoma de relatos; siempre, relato de unas luchas cuya visibilidad es constantemente desmantelada por los agentes de la regresión representativa.
Nelson Garrido
Setiembre 2009

LA FOTOGRAFÍA: UNA MIRADA DE LA REALIDAD MAPUCHE DE HOY
Estamos a las puertas del Bicentenario y muy poco se conoce de los mapuche. Por la manera en que se presenta su situación en los medios de comunicación de alcance masivo, pareciera que los mapuche son un invento de las últimas dos décadas, considerando –además- que siempre se ha sostenido que todos somos iguales, que somos un solo pueblo y que tenemos un solo idioma, una sola cultura. Sin embargo, la realidad del país dice otra cosa.
¿Quiénes son los mapuche? ¿Cuáles son sus derechos, dónde viven y cómo viven? Las razones de sus reclamaciones son preguntas que se hacen las personas hoy. Sin embargo, algunos quisimos partir por un camino práctico y registrar, mediante la fotografía, ciertos hechos de la vida cotidiana de las familias y comunidades mapuche de hoy y exponerlos al país, debido a que la negación de los mapuche, no tan sólo afecta a los propios mapuche, sino también a todos los chilenos; es decir, a todo el país.
Hemos considerado que la fotografía es un camino para explicar su situación y dar cuenta de sus vidas cotidianas y de las esperanzas, las expectativas y las amenazas del mundo de hoy que se manifiestan en el desarrollo basado en la sobreexplotación sin control de la madre tierra, aún siendo ella el hogar de toda la humanidad.
Los mapuche le atribuyen vital importancia a la tierra y a todos sus recursos, no como un bien para su dominio exclusivo sino como alto valor cultural que atribuyen al medio en que habitan. Su territorio tradicional, o Lof, constituye en sí mismo su propia vida. Los mapuche han establecido una forma de vida en base a la relación recíproca con el medio en que habitan porque culturalmente han entendido que la tierra y sus recursos deben ser utilizados adecuada y sustentablemente, porque la tierra es la casa donde todos deben vivir y saben que si es explotada sin control se estará destruyendo la casa de todos, es decir, el hogar de los mapuche y no mapuche. Esta concepción de vida ha sido satanizada y calificada de atraso y de flojera por la sociedad no mapuche.
La visión sobre la gran importancia de la tierra y sus recursos ha sido comprendida tardíamente por la humanidad, en momentos en que se está viviendo una amenaza por el cambio climático, que no es otra cosa que la sobreexplotación de la tierra y sus recursos. Las medidas que el mundo está tomando para evitar la inminente amenaza pudieron haber sido evitadas si se hubiese tomado en cuenta las formas de vida de los mapuche y de los pueblos indígenas en general.
La fotografía es un medio que tiene por objeto dar cuenta de una realidad invisibilizada; este medio tiene mucha importancia para establecer una convivencia de respeto y reconocimiento de todos los pueblos y de todas las culturas que habitan en el país y nos invita a mirar nuestro pasado, explicar nuestro presente y proyectar lo nuestro con identidad, cultura y respeto al medio territorial en que vivimos.
Consejo de Todas las Tierras (Taller Mapuche Aiwin)
Setiembre 2009

LOS HIJOS DE LOS HIJOS DE LOS HIJOS
Organización beneficiada y gestora del curso de fotografía profesional de la Región Metropolitana realizado en Cerro Navia.

Tengo la posibilidad de tomar este curso que es beneficio hacia mi organización, pero el hecho de conocer a gran parte de las comunidades mapuche de Cerro Navia me hizo tomar la decisión de compartirla con las organizaciones que aquí señalo: Weckeche, Folin Lawen, Witrunko, Rayen Quitral, Newen Ñuke Mapu, Wiftuy Taiñ Mapuche Newen, Rayen Ñuke Mapu.
Una de las razones por las que quiero compartir este beneficio con las comunidades es tener una buena relación con la juventud mapuche de mi comunidad, ya que ellos son los principales alumnos. Agradezco la voluntad de Andrea y Claudia y el apoyo de mis amigos Añiñir y Huenchuleo, mapuche de Cerro Navia; la dedicación de mis alumnos y el principal reconocimiento es para mi ñuke Francisca Cheuquecoy, quien creó la organización mapuche Weckeche y quien me enseñó a compartir mis logros y beneficios.
José Cayul
Representante del Taller de Fotografía de Cerro Navia

GENTE DEL SUR
Hemos sembrado una semilla en la comuna de San Juan de la Costa, la cual tiene una trayectoria a nivel nacional en nuestro país. Con su idioma, música, danza y gastronomía hemos demostrado un ejemplo de nuestra cultura, para sus hijos en generaciones y nuestros hermanos huilliche.
Este grupo folclórico sigue trabajando con mucho newen para que nuestro pueblo no se pierda en el tiempo y podamos cosechar frutos mejores. El taller de fotografía fue una experiencia nueva para cada integrante; logramos adquirir los conocimientos que ahora nos permiten trabajar con nuestro conjunto, en presentaciones y exposiciones culturales. La fotografía nos ayudó a mostrar parte de nuestra realidad, nuestro pasado de pueblo huilliche mapuche y así mostrarlo a nuestros nietos. Valores verdaderos y también una herramienta para el futuro.
Grupo Aucalafquen
Osorno, setiembre 2009

Blog del Taller de Fotografía Mapuche AIWIN

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