2 La Trienal de Chile partiría de la figura del mapa del país considerado en sí mismo una imagen limítrofe, una línea vertical que condensa distintos linderos y que, al desplazarse virtualmente, proyecta una franja que cubre el Cono Sur latinoamericano. Así, se pretende explorar los límites del arte en situaciones que, en sí mismas, son extremas: el mapa de Chile permite figurar un linde (y sugerir, quizá, una secreta vocación liminal). Un límite comprendido siempre como borde entreabierto, en el sentido, ya sugerido, de zona parergonal, intermedia y difusa.
Otros límites son trazados horizontalmente; el mapa sería, a su vez, segmentado en tres zonas, que no pretenden representar regiones sino marcar puntos adecuados para desarrollar mejor el concepto de la trienal. Cada una de estas zonas, sujeta a contingencias históricas, políticas y culturales propias –que generaría institucionalidades particulares- sería abordada de manera específica. Así, la carencia de escuelas de arte en el norte promueve en esta región acciones tendientes a la formación de agentes y de públicos (o a la exhibición y cuestionamiento de sus ausencias), tanto como a la exposición de muestras y la producción de encuentros y acciones comunitarias. El centro, rico en instituciones de formación y de pensamiento, se presta a servir de escena a exposiciones y debates críticos. Por su parte, vinculado en parte con el tema de las identidades indígenas, la zona sur también resulta un espacio propicio para debates, intervenciones provistas de un sesgo relacional de alcance comunitario y producción de clínicas y seminarios.
3 Ahora bien, este programa, presentado en parte casi como un diagrama de políticas culturales locales, debe asumir un formato expositivo; sus operaciones deben ser puestas en obra: filtradas por el concepto de la trienal, centrado en torno a la definición del arte. Por eso la trienal comprendería un complejo de obras (exposiciones, coloquios, intervenciones públicas, talleres, encuentros, publicaciones) enfrentadas a las preguntas ¿Es esto arte? ¿Por qué? Por lo tanto, las obras que intervendrán en este proyecto deben, por un lado, emplazarse en sitios extremos: los linderos entre el arte y lo extra-artístico y, por otro, han de afirmar su cualidad artística a través de los recursos de la sensibilidad: la belleza, la apariencia, la imagen. Pero, tal como queda indicado, la contingencia misma que define la puesta en obra contemporánea impide asegurar que toda acción pueda ser re-presentada, convocada en el círculo de la representación: muchos documentos, acciones y programas podrán mantenerse oscilando sobre los límites del arte, esquivos al sello de la forma o el juego de la mirada.
Esta tensión entre lo que está dentro de los terrenos tradicionales del arte y lo que está fuera de él (o bien lo apostado en el límite entre ambos espacios) permitirá el desarrollo de programas comunicacionales, relacionales y educativos basados en la reflexión acerca del sentido, los límites y las posibilidades del arte contemporáneo. Desde esta reflexión se podrán activar efectos mediadores sobre las escenas locales.
Se pretende, así, trabajar la idea de que el arte contemporáneo no se define tanto por ocupar un puesto en un lugar consagrado, sino por sus efectos sociales: por las miradas y las lecturas que provoquen las obras específicas, y por las cuestiones que levanten. Esta idea podría facilitar la comprensión de cuestiones complejas y promover su mejor difusión.







